Rocío Schettini, directora general de la Fundación de la Universidad Autónoma de Madrid (FUAM)
Rocío Schettini, directora general de la Fundación de la Universidad Autónoma de Madrid (FUAM), reflexiona sobre el papel de las universidades públicas como agentes clave de innovación, transferencia y emprendimiento, y sobre cómo articular ecosistemas capaces de conectar conocimiento científico, empresa y sociedad para generar impacto real.
Hablamos con Rocío Schettini, directora general de la Fundación de la Universidad Autónoma de Madrid (FUAM), doctora en Psicología y experta en planificación estratégica, transferencia de conocimiento y articulación de ecosistemas de ciencia e innovación. Desde la FUAM, impulsa iniciativas orientadas a conectar la investigación universitaria con el tejido productivo y las administraciones públicas, reforzando el papel de la universidad como motor de desarrollo económico y social.
A lo largo de la conversación, analiza los principales retos de la transferencia de conocimiento, las barreras que siguen encontrando los equipos investigadores para emprender, la evolución reciente del emprendimiento académico en la UAM y las claves para reforzar el impacto territorial de las universidades públicas sin perder su esencia investigadora. También comparte aprendizajes derivados de programas concretos impulsados desde la FUAM y reflexiona sobre las tendencias emergentes en la intersección entre ciencia, empresa y políticas públicas.
¿Cómo describirías hoy el papel de la FUAM en la conexión entre universidad, empresa y sociedad, y qué retos estáis priorizando?
Hoy la FUAM actúa, ante todo, como un agente conector. Su función principal es servir de nexo entre el conocimiento que se genera en la universidad y el tejido productivo, facilitando que las capacidades científico técnicas de la UAM respondan a retos concretos y generen valor real para la sociedad. En ese papel de puente, conecta a personal investigador, empresas y administraciones públicas.
En este momento, los esfuerzos se concentran en tres grandes retos: acelerar la transferencia efectiva de tecnología, fortalecer el ecosistema emprendedor vinculado a la UAM y desarrollar modelos de colaboración más ágiles con empresas e instituciones públicas.
Todo ello se apoya en una idea transversal: la colaboración entre todo tipo de agente del ecosistema para hacerlo más dinámico, visible y sólido. El objetivo es revitalizar el trabajo conjunto de oficinas de transferencia, fundaciones, centros de investigación y unidades de emprendimiento, de modo que su impacto sea reconocible tanto dentro como fuera de la universidad y se refleje en el mercado.
Para que la transferencia funcione, la tecnología debe llegar al mercado. ¿Qué factores prácticos marcan la diferencia en ese proceso?
La transferencia no sucede únicamente por contar con una buena idea. Requiere acompañamiento estratégico. Uno de los factores clave es identificar con claridad el problema que se quiere resolver y el mercado potencial al que se dirige la solución.
También resulta fundamental trabajar con equipos híbridos, capaces de combinar conocimiento científico y visión empresarial, así como disponer de acceso a financiación adecuada —pública o privada— que permita acompañar la maduración tecnológica y comercial. A todo ello se suman estructuras institucionales que reduzcan la fricción administrativa y faciliten los procesos. Ese es uno de los roles centrales de la FUAM: trabajar para que el personal investigador pueda transferir su tecnología y su conocimiento científico con el objetivo de resolver problemas reales de la sociedad.
A menudo el personal investigador quiere emprender o transferir. ¿Qué barreras encuentran más a menudo y cómo pueden las instituciones reducirlas?
Con frecuencia, el personal investigador se enfrenta a barreras relacionadas con la falta de tiempo, de incentivos o de conocimiento específico para emprender o transferir. Durante años, la carrera académica ha estado muy centrada en la investigación orientada a publicaciones y en la docencia, dejando en un segundo plano la aplicabilidad del conocimiento.
En los últimos años han surgido mecanismos para poner en valor la transferencia, y desde las oficinas de transferencia resulta clave dar a conocer el marco legal y las posibilidades que ofrece. En muchos casos, las barreras no son estructurales, sino de desconocimiento de la normativa, de los instrumentos disponibles o, simplemente, de falta de tiempo.
Desde la FUAM se trabaja en identificar estas barreras y en poner los medios para superarlas, generando entornos seguros donde se pueda experimentar con la transferencia sin asumir riesgos desproporcionados. Al mismo tiempo, se impulsa el reconocimiento de estas actividades en la carrera investigadora, un cambio que avanza de forma progresiva en el ámbito de las administraciones públicas.
El emprendimiento académico en la UAM está creciendo. ¿Qué cambios recientes estás viendo y qué oportunidades se abren para los equipos investigadores?
En los últimos años se observa un cambio muy positivo: cada vez más personal investigador contempla el emprendimiento como una vía natural para llevar su conocimiento al mercado. Esto se refleja en un aumento muy significativo de las empresas basadas en conocimiento (EBCs), que en el caso de la UAM ha sido especialmente notable en 2025.
Este crecimiento responde a una apuesta decidida del equipo de gobierno de la universidad por el emprendimiento científico, a través de programas de apoyo, mentorización, seguimiento y acompañamiento. El trabajo de la FUAM se ha centrado en acompañar estos proyectos desde fases muy tempranas hasta su consolidación, reduciendo tiempos y burocracia.
La agilidad de los procesos de aprobación y el apoyo administrativo permiten que los equipos investigadores que cuentan con un plan de negocio sólido puedan ver su empresa creada en un plazo muy reducido, lo que supone una oportunidad clara para acelerar la llegada del conocimiento al mercado.
La FUAM impulsa múltiples iniciativas de transferencia. ¿Qué proyectos destacarías por su impacto o por lo aprendido al ponerlos en marcha?
La FUAM cumple más de 35 años como oficina de transferencia de la UAM, con miles de proyectos desarrollados a lo largo de este tiempo. Entre las iniciativas institucionales, la apuesta por el emprendimiento destaca por los resultados obtenidos.
Otro eje relevante ha sido el impulso del networking, adaptado a las distintas áreas de conocimiento de la universidad. Como ejemplo concreto, destaca el Programa de Fomento de la Transferencia de Conocimiento, que ya va por su octava edición. Este programa promueve la transferencia hacia la sociedad atendiendo a sus necesidades, implicando al tejido productivo mediante la cofinanciación de proyectos y fomentando la participación de personal investigador joven y de mujeres.
Desde su inicio se han cofinanciado cerca de 100 proyectos, incrementando año a año el retorno de la inversión. La principal enseñanza es clara: cuando el riesgo se comparte y el mercado percibe una apuesta real de la universidad por sus capacidades, se genera mayor confianza y mejores resultados.
Las universidades públicas tienen misión académica y rol social. ¿Cómo pueden reforzar su impacto en el territorio sin perder su esencia investigadora?
La innovación y la transferencia son una de las tres misiones fundamentales de la universidad. Una universidad que no transfiere no está cumpliendo plenamente con su esencia. En el caso de la UAM, la excelencia investigadora convive con una fuerte capacidad docente y transferidora.
La investigación es la base de la transferencia, ya que el avance científico es también avance social. Reforzar el impacto territorial implica abrirse al entorno, colaborar con actores diversos y orientar parte de la investigación hacia retos sociales, sin renunciar al rigor, la independencia y la excelencia científica que caracterizan a la universidad pública.
En la intersección entre talento investigador, empresas y administraciones, ¿qué tendencias emergentes ves y qué proyectos ganarán relevancia?
Se observa una convergencia creciente entre ciencia, empresa y políticas públicas. Entre las tendencias más relevantes destacan el auge del deeptech, la innovación orientada a misiones y el papel central de los ecosistemas colaborativos.
Los proyectos que ganarán protagonismo serán aquellos capaces de integrar talento científico con capacidades de ejecución empresarial y un enfoque claro en el impacto.
La inteligencia artificial aplicada a distintos sectores es una de las líneas más visibles, junto con ámbitos como la medicina personalizada, la atención sociosanitaria, la ética y los neuroderechos, los nuevos materiales, la sostenibilidad y su impacto ambiental.
¿De qué manera puede la Plataforma ONE aportar valor a las personas de la UAM y la FUAM que tienen necesidades vinculadas al ecosistema emprendedor?
La Plataforma ONE puede convertirse en una herramienta clave para ordenar y potenciar el ecosistema emprendedor. Su valor reside en facilitar el acceso a recursos, conectar a los distintos actores y hacer más visibles las oportunidades existentes.
Para la FUAM y para los grupos de investigación de la UAM a los que acompaña, supone un punto de entrada claro a la transferencia y al emprendimiento, ayudando a reducir la fragmentación y a mejorar la eficiencia del sistema. Iniciativas de este tipo resultan fundamentales para abordar de forma colaborativa las barreras existentes y reforzar el impacto del conocimiento científico en la sociedad.