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  • Persona interesada en emprendimiento innovador
16 sep 2026
10 minutos
Autor:
Example
Plataforma ONE
En colaboración con:
Víctor Manuel Gragera Salcedo, Director de Operaciones de la Cámara de Comercio de Cáceres y miembro del Comité de Inversión de Cáceres Investor Hub
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Hablamos con Víctor Manuel Gragera Salcedo, Director de Operaciones de la Cámara de Comercio de Cáceres y miembro del Comité de Inversión de Cáceres Investor Hub

Hablamos con Víctor Manuel Gragera sobre cómo se construye economía real desde una región con menos densidad emprendedora, qué factores valoran los inversores al analizar startups en fases tempranas y cómo se atrae talento de otros territorios para crecer orgánicamente desde lo local.

Víctor Manuel Gragera Salcedo

En esta entrevista, hablamos con Víctor Manuel Gragera Salcedo, Director de Operaciones de la Cámara de Comercio de Cáceres y miembro del Comité de Inversión de Cáceres Investor Hub —la primera red de Business Angels de Extremadura—, sobre cómo se impulsa el emprendimiento y la inversión privada desde un territorio que está fortaleciendo su ecosistema de emprendimiento e inversión.

A lo largo de la conversación, comparte los aprendizajes acumulados en más de 25 años dedicados a la internacionalización, el emprendimiento y el desarrollo económico, liderando actualmente programas de crecimiento para startups en fases pre-seed y seed y participando en la selección, análisis y acompañamiento de proyectos tecnológicos en sectores estratégicos como energía, industria 5.0, agrotech y e-health.

También reflexiona sobre los criterios de invertibilidad y escalabilidad que aplica un fondo en fases tempranas, sobre cómo se estructura y se gestionan las tensiones de un comité de inversión heterogéneo y sobre los errores más habituales que frenan a los proyectos que buscan financiación. Al hablar de estos procesos, insiste en una idea clave: la inversión privada "se basa mucho en la confianza". Por eso defiende un modelo en el que el agente inversor no se limita a aportar recursos económicos, sino que actúa como "ese socio industrial, ese socio colaborativo que aporta un valor claro". Una filosofía que resume su apuesta por un ecosistema emprendedor sólido, construido desde el territorio y orientado a generar valor a largo plazo.

Llevas años impulsando el emprendimiento desde una región con menos densidad de startups. ¿Qué señales te permiten identificar cuándo un proyecto puede generar economía real en tu territorio?

La primera señal, sobre todo, es que el proyecto no se quede en una idea o en una tecnología atractiva, sino que pueda tener una aplicabilidad directa en la empresa y en la industria local de la región. Entendemos que el emprendimiento debe servir para algo y debe resolver problemas reales del tejido empresarial que tenemos aquí.

Ese fue uno de los propósitos con los que nació Cáceres Investor Hub, la primera red de Business Angels de Extremadura, constituida por 16 personas empresarias, cada una de ellas prescriptora y prospectora en sus respectivos sectores de actividad. En muchas ocasiones, la industria local de Extremadura no aplica directamente innovación a sus procesos productivos ni a la elaboración de sus productos, y vimos que atraer personas emprendedoras y startups de otros territorios que desarrollan soluciones tecnológicas útiles para las empresas extremeñas podía ser una forma eficaz de impulsar la innovación en la región.

Por eso, cuando nos planteamos invertir en una startup, lo primero que analizamos es que su propuesta responda a un propósito muy claro y que venga a solucionar problemas reales de la empresa.

Desde Cáceres Investor Hub analizáis proyectos muy distintos. ¿Cuál es el primer criterio que aplicas para decidir si una startup merece avanzar en el proceso de inversión?

Lo primero que solemos hacer cuando nos llega cualquier tipo de proyecto es un screening inicial. Desde el fondo de inversión y nuestro centro de emprendimiento tenemos un checklist donde vamos validando y valorando, sobre todo, el estadio en el que se encuentra cada uno de esos proyectos. En función de la etapa de madurez, le sugerimos que realice alguna fase formativa o de adquisición de capacidades y habilidades; y si llega en una fase más madura, lo dirigimos a nuestra fase de growth y escalado, que es donde entra en juego también nuestro vehículo de inversión.

Pero pongamos que nos encontramos un proyecto en esas fases más avanzadas, que está buscando sobre todo financiación externa. Para nosotros hay dos aspectos clave. Uno es la invertibilidad: un proyecto puede ser muy interesante, útil, tener impacto y resolver un problema real de la industria local, pero no necesariamente ser invertible por nuestro fondo. A veces nos encontramos proyectos muy interesantes, pero cuya valoración es algo alta. Nuestro fondo tiene un ticket medio de entre 50.000 y 80.000 euros aproximadamente, y cuando aparecen valoraciones por encima de los 4 millones, nos preguntamos: esta startup, cuando vaya a levantar la siguiente ronda, ¿por cuánto tiene que multiplicar su valoración para generar rentabilidad en nuestro fondo? Esto es una red flag para nosotros.

El segundo aspecto en el que fijamos nuestra valoración es la escalabilidad. Decía antes que el proyecto debe solucionar retos y desafíos de nuestra industria, pero también necesitamos que sea escalable más allá de Extremadura.

Construir un comité de inversión sólido no es trivial. ¿Qué roles son imprescindibles y cómo se estructura un equipo que toma decisiones en fases tan tempranas?

La verdad es que nuestro comité de inversión es muy heterogéneo: nos encontramos perfiles muy diversos, y esa multidisciplinariedad de nuestros socios y socias y de los miembros que lo forman genera una riqueza muy amplia. Nuestra red de inversión está formada por 16 personas empresarias de Extremadura, y el comité de inversión lo componen 7 de esos 16 miembros. Ahí encontramos quienes tienen un conocimiento profundo del sector de actividad en el que pretendemos invertir y, por otro lado, quienes cuentan con una contrastada y dilatada experiencia en el mundo de la inversión privada.

Es cierto que se genera un cierto debate entre los propios socios y socias, y sobre todo lo que intentamos defender es que la decisión del fondo responda a criterios completamente objetivos. Dejamos atrás los intereses personales que pueda tener cada miembro del comité.

Otra cosa que hacemos es una rotación de los propios miembros del comité en función de la tesis de inversión que se está analizando en cada momento. Si estamos ante un proyecto del sector de la energía, intentamos que dentro de ese comité esté alguna persona inversora con experiencia y expertise en esa área temática. Es algo que valoramos mucho.

En inversión siempre hay tensiones: expectativas, tiempos, riesgos. ¿Qué mecanismos utilizas para gestionar el conflicto dentro del comité y mantener decisiones objetivas?

En cualquier comité nos vamos a encontrar tensiones y puntos de vista completamente distintos, porque nuestro comité es muy heterogéneo y los perfiles son muy diversos. Pero creo que eso es bueno. Hay que entender la tensión como parte del propio proceso de inversión. Si estuviéramos todos de acuerdo desde el primer minuto, seguramente no estaríamos analizando correctamente los proyectos y nos equivocaríamos mucho.

Tengamos en cuenta que Cáceres Investor Hub invierte sobre todo en proyectos en fases muy tempranas, early stage, en una fase más pre-seed y seed. Eso muchas veces dificulta que el comité termine de ver el potencial de invertibilidad, crecimiento y escalabilidad de un proyecto, porque no cuenta todavía con métricas, tracción o un grupo de clientes muy definido.

Una de las cuestiones que intentamos, para que esa gestión de la tensión sea sana, es separar el interés del proyecto de la decisión de la inversión. Eso para nosotros es muy importante, y solemos apoyarnos en nuestros corporates colaboradores. Quizás no lo había mencionado antes, pero nuestro fondo está muy verticalizado en los sectores productivos de Extremadura. Hay cuatro verticales muy definidas: energía, salud, agrotech y foodtech, que son los sectores más importantes de la región.

Para ello nos apoyamos en centros tecnológicos que aportan mucho valor: cuando un proyecto está siendo analizado, puede realizar ensayos y pruebas de concepto en estos centros. 

En el sector de la energía, por ejemplo, contamos con el Centro Ibérico de Investigación en Almacenamiento Energético (CIIAE), una inversión del Gobierno de España que se está ejecutando ahora mismo en Cáceres. Pretende ser el centro sobre el que pivote toda la investigación en los nuevos usos del almacenaje de energía, porque no se trata tanto de producir energía, sino de cómo almacenarla cuando no tenemos esos niveles de producción. Esas pruebas de concepto que requiere una solución tecnológica se pueden hacer en este centro colaborador, y esa métrica muchas veces es de capital importancia para el comité a la hora de tomar la decisión.

En la vertical de salud contamos con el Centro de Cirugía de Mínima Invasión, donde se experimentan nuevas técnicas quirúrgicas y nuevo material instrumental que después se aplica en el ámbito de la sanidad. Aquí, por ejemplo, se estuvo testeando y probando el robot Da Vinci para hacer operaciones quirúrgicas en remoto. 

Y en la vertical de agricultura y ganadería contamos con la colaboración del Centro Tecnológico Agroalimentario de Extremadura, uno de los más importantes en su sector, que nos permite que esas soluciones tecnológicas con aplicabilidad directa en el campo —en la mejora de los cultivos y de las cosechas— generen rendimientos y eficiencia que redundan en la competitividad de nuestro tejido empresarial, tanto en el sector primario como en el secundario y el terciario. 

Has visto muchos errores en proyectos que buscan inversión. ¿Puedes compartir un error típico que haya frenado a una startup y qué impacto tuvo en su avance?

Muchas veces nos encontramos proyectos donde, más allá de que la idea pueda ser interesante e incluso de que tengan una tecnología bastante prometedora, todavía no han validado suficientemente en el mercado. Eso intentamos explicarlo mucho con los proyectos que forman parte de nuestros funnels, ya sea en el centro de emprendimiento o en el fondo de inversión.

Otro error frecuente en estas etapas tan tempranas es que, a veces, la persona emprendedora nos habla mucho de su tecnología. Suelen ser perfiles tecnólogos: nos cuentan todas las funcionalidades del producto, pero no terminan de explicarnos cuál es el problema que resuelve. O nos encontramos equipos que no tienen un cierto equilibrio entre la parte tecnológica y la parte comercial. Su solución puede ser muy robusta y atacar directamente un problema real del tejido empresarial o de la sociedad, pero cuando les preguntas "¿esto cómo lo vas a monetizar?, ¿cómo lo vas a vender?", ahí aparecen ciertas lagunas. 

Es tan importante tener una buena solución tecnológica como que esté acompasada de cómo voy a ganar dinero. Al final, cuando montamos una empresa lo hacemos con la intención de ganar dinero, y cuando invertimos hay un derecho irrenunciable hacia los socios y socias del vehículo: devolverles, multiplicado, el ticket inicial que depositaron en la sociedad.

Otro error en el que ponemos foco es el cap table. Nos encontramos muchas veces con cap tables poco claros y confusos, donde ya observamos, incluso en etapas muy tempranas, una cierta dilución del equipo fundador, e incluso advisors que tienen un porcentaje del capital de la sociedad. Eso nos genera cierta incomodidad. Tengamos en cuenta que a un proyecto en fases iniciales le queda mucho camino y muchas rondas por delante hasta llegar a una serie A; diluciones y cap tables muy complejos de inicio suelen ser, para nosotros, una red flag bastante importante. 

Trabajáis con sectores estratégicos como energía, agrotech o industria 5.0. ¿Qué señales te indican que una startup está alineada con las necesidades reales del tejido empresarial de la región?

Sobre todo, lo que buscamos es que la startup entienda que Extremadura no es solo un lugar desde donde operar, sino un territorio desde donde crecer orgánicamente. Eso para nosotros es fundamental. Extremadura, como cualquier región, en función de su caracterización productiva, tiene unos retos y desafíos muy alineados con los sectores que mencionaba: agricultura, ganadería, industria agroalimentaria, energía y salud. Nos interesa mucho que los proyectos en los que invertimos estén muy conectados con estos retos reales, y que no vean en Extremadura solo una parte de su mercado, sino que vengan con la intención de integrarse y aportar valor a lo local.

Por ejemplo, de la cartera de participadas que tenemos ahora mismo en el vehículo —8 participadas— todas son de fuera de Extremadura. Todavía no hemos sido capaces de estrenarnos invirtiendo en una startup extremeña, y no es porque no queramos, sino porque quizás aún no hemos visto aquí ese proyecto que se adecúe a la tesis de inversión y esté en el momento de ser invertido. 

Pero nos importa mucho traccionar talento de otros territorios: tenemos startups de Barcelona, Zaragoza, Valencia, Albacete, A Coruña, Santander… Y cuando estas startups pusieron el ojo en nuestro fondo, lo hicieron con ese foco: más allá del dinero que podamos aportar, valoran nuestra capacidad de ayudarles a crecer orgánicamente.

Y aquí los resultados se notan cuando el encaje es bueno. Nuestra primera invertida, por ejemplo, es una spin-off de la Universidad de Barcelona dedicada a la caracterización, valorización y revalorización de residuos. Decidió que nosotros éramos el partner adecuado porque podíamos ayudarle mucho en ese crecimiento orgánico. Tal es así que, con esta startup y a través de la Cámara de Comercio de Cáceres, hemos concurrido a convocatorias de ayudas europeas, como un proyecto LIFE y un Horizonte, que le han sido concedidos recientemente y le van a dar el músculo financiero suficiente para escalar su modelo de negocio. Un proyecto que nace en otro territorio tiene así una prolongación en Extremadura: ya ha abierto una delegación con cuatro personas trabajando aquí. Eso es, en parte, lo que pretendemos: generar desarrollo mediante la atracción de talento de otros territorios a nivel nacional.

Hay que entenderlo, además, en el mundo global en el que nos encontramos. Los proyectos de base tecnológica, si algo bueno tienen, es que pueden trabajar mucho tiempo en remoto; no necesariamente tienen que estar en las grandes ciudades. Desde Extremadura podemos ofrecer nuestras infraestructuras —espacios de coworking y coliving en condiciones de usabilidad muy preferentes— para que estos proyectos sigan desarrollando y mejorando sus soluciones tecnológicas. Tratamos de impulsar el emprendimiento tecnológico en Extremadura como una ciudad intermedia, pero con una calidad de vida muy superior a la de esas primeras ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia.

Con ese propósito nació también el centro de emprendimiento de la Cámara de Comercio de Cáceres: traccionar talento hacia nuestro territorio para mejorar la competitividad de nuestra industria a través de la implementación de soluciones tecnológicas, soluciones que venían en gran medida de personas emprendedoras y de startups. Eso nos llevó no solo a mentorizar, asesorar y acompañar estos proyectos, sino que nos dimos cuenta de que teníamos la madurez suficiente para acercarles de primera mano el acceso a la financiación externa. Por eso, hace un par de años, impulsamos la constitución de Cáceres Investor Hub. 

Para cerrar, ¿qué consejo práctico darías a una persona fundadora que quiere atraer inversión privada en una región como Extremadura y no sabe cómo empezar a construir confianza?

La inversión privada se basa mucho en la confianza: la que deposita la persona emprendedora en quienes invierten, y la que el equipo inversor deposita en el equipo fundador. Por eso, uno de los consejos prácticos que daría a una persona emprendedora o a un grupo fundador es que se deje asesorar, que escuche. El inversor o la inversora no quiere imponer una estrategia ni una decisión, pero por su experiencia y expertise puede aportar valor y ciertas visiones que quizás no se habían contemplado al inicio, y que pueden ayudar a tomar la mejor decisión.

Como personas inversoras, lo que queremos es que ese proyecto en el que hemos invertido crezca, gane dinero y escale. A veces es complicado que la persona emprendedora interiorice ese mensaje. En regiones como Extremadura, donde no tenemos una densidad poblacional muy importante, ese calor, ese cariño, sí se lo damos a nuestras personas emprendedoras. Nuestro fondo y nuestra red de business angels no se limita a poner capital en cada una de las invertidas, sino que nos gusta ser ese socio industrial, ese socio colaborativo que aporta un valor claro a través del conocimiento, de la cercanía con el resto de Administraciones Públicas de Extremadura y de nuestros corporates colaboradores, que son los centros tecnológicos más importantes en cada una de las verticales productivas de la región.

Y un último apunte: cuando asesoramos a nuestros proyectos, decimos que la financiación externa está muy bien, pero que tengan presente que también es la más dilutiva. Ese mix con la financiación pública —a través de herramientas e instrumentos como ENISA, los préstamos JEREMIE o convocatorias públicas de ayuda que pueden ofrecer subvención directa para perfeccionar una solución tecnológica— también debe ser tenido en cuenta. Cuando una startup está levantando una ronda no pasa absolutamente nada porque parte de ese dinero lo levante con cargo a financiación pública, y no necesariamente a financiación externa privada. 

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