Hablamos con
Persona interesada en emprendimiento innovador
17 mar 2026
15 minutos
Autor:
Example
Plataforma ONE
En colaboración con:
Jordi Martín del Val, CEO y cofundador de Bcombinator.
Tema

Jordi Martín del Val, CEO y cofundador de Bcombinator.

Hablamos con Jordi Martín del Val, CEO y cofundador de Bcombinator, para entender cómo está evolucionando la inversión en fases tempranas, qué valora hoy realmente un agente inversor más allá de un pitch bien ejecutado, y cuáles son los errores más frecuentes —y evitables— que cometen las startups en sus primeras rondas. 

Desde su experiencia analizando más de 150 proyectos al mes, Jordi comparte una visión clara: la clave ya no está solo en levantar capital, sino en construir negocio, validar soluciones y demostrar capacidad de ejecución en contextos reales.

Jordi Martín del Val

En esta conversación exploramos, de la mano de Jordi, cómo ha cambiado el perfil inversor en los últimos años: desde un contexto menos riguroso, donde bastaba con una buena historia, hasta un momento de mayor profesionalización, donde pesan la tecnología, la validación temprana y la solidez del equipo fundador.

Jordi explica qué indicadores generan más confianza en fases pre-seed y seed, cuándo una startup puede considerarse preparada para levantar capital, y por qué pedir demasiado dinero antes de tiempo puede convertirse en un error estratégico. A lo largo de la entrevista, insiste en una idea recurrente: el éxito no está en levantar capital, sino en validar, ejecutar y generar clientes.

Además, nos ofrece una visión muy humana del emprendimiento: la resiliencia, la constancia y la capacidad de “aguantar el volante en las curvas” son rasgos que detecta en minutos y que, para él, determinan quién tiene posibilidades reales de avanzar.

Sigue leyendo y visualiza el vídeo al final de la página para conocer en detalle la experiencia y el enfoque de Jordi Martín del Val, CEO y cofundador de Bcombinator.

¿Cómo ha evolucionado el perfil de la persona inversora en los últimos años y qué está valorando hoy más allá del pitch y las métricas?

En los últimos años he observado un cambio profundo en el comportamiento inversor en fases pre seed y seed. El ecosistema ha crecido, se ha vuelto más sofisticado y existe una mayor oferta de espacios y eventos que conectan a personas emprendedoras, agentes inversores y corporaciones. Esa densidad de interacciones ha elevado el nivel de exigencia: ya no se trata solo de encontrar buenas ideas, sino de entender cómo encajan en un mercado real y qué capacidad tiene el equipo para ejecutarlas.

Muchos business angels también han tomado conciencia de que gestionar decenas de inversiones de manera individual no es sostenible. Buscan actores como Bcombinator para diversificar, profesionalizar su toma de decisiones y apoyarse en procesos estructurados. En nuestro caso, realizamos un análisis técnico, financiero y estratégico mucho más exhaustivo que hace unos años.

A lo largo de los años he visto cientos de pitches. Algunos están tan trabajados que parecen actuaciones teatrales, pero eso no garantiza la evolución del proyecto. Por eso he aprendido a mirar mucho más allá de la presentación. Lo que realmente importa es la solidez del equipo, su conocimiento del mercado, la validación real que ya hayan conseguido y la capacidad de sostener el proyecto ante la incertidumbre. Esa es la verdadera señal de madurez en un entorno donde el capital se concede cada vez con más criterio.

¿Cómo puede una startup saber si está preparada para levantar inversión o si todavía debería centrarse en validar su modelo de negocio?

Creo que una startup está lista para levantar capital cuando demuestra que ha recorrido un tramo inicial por su cuenta. Antes de buscar inversión hay que entender a fondo el sector, dominar la parte técnica de la solución y haber realizado validaciones tempranas que confirmen que existe un problema real y una propuesta con sentido. Hoy ya no es razonable pedir financiación para hacer las primeras pruebas: esas validaciones deben venir hechas desde casa, incluso en las etapas más iniciales.

En mi experiencia, en tres o cuatro meses una persona emprendedora eficiente puede haber explorado el mercado, construido un prototipo, probado hipótesis y aprendido lo suficiente como para concluir si su idea merece seguir avanzando. Ese es el momento de plantearse una ronda pequeña, destinada a acelerar y no a explorar desde cero.

También valoro la trayectoria del equipo. Si eres joven, hay que compensarlo con un conocimiento profundo del sector, una preparación rigurosa y una mentalidad analítica. Si vienes de una carrera profesional previa, esa experiencia también suma. Lo importante es demostrar que vienes con una base sólida, que has hecho los deberes y que no estás buscando capital para resolver dudas fundamentales sobre el proyecto.

¿Qué indicadores o métricas consideras clave para generar confianza en agentes inversores en fases early stage?

Cuando analizamos proyectos en etapas iniciales, siempre miramos dos grandes piezas. La primera es la tecnología: su calidad, su profundidad y su capacidad para convertirse en una ventaja competitiva real. He visto compañías que aún no tenían grandes ingresos, pero cuya tecnología era tan potente que demostraba claramente su valor futuro. La tecnología bien construida es un activo muy poderoso en fases tempranas.

La segunda pieza son los casos de uso reales. Aquí los clientes que ya pagan juegan un papel fundamental. No buscamos tracción masiva desde el primer día, pero sí señales verificables de que hay mercado, de que la solución encaja y de que las primeras ventas confirman un patrón que puede escalarse. Cuando una startup nos llega con tecnología alta y primeros clientes activos, sabemos que, con el acompañamiento adecuado, el crecimiento puede acelerarse de manera muy significativa.

Estos dos elementos —tecnología y validación comercial inicial— forman el núcleo de la confianza en etapas early stage y nos permiten tomar decisiones más seguras.

Más allá del capital, ¿qué debería buscar realmente una startup en un agente inversor o fondo?

Creo que una startup debe fijarse no solo en quién puede aportarle capital, sino —sobre todo— en quién puede acompañarla de manera real en los desafíos del día a día. Siempre digo que el mejor dinero es el de los clientes, porque valida el producto y te obliga a construir con criterio. Pero cuando buscas un fondo, tienes que pensar en quién puede ayudarte a avanzar más rápido, a tomar mejores decisiones y a abrirte puertas que tú solo no podrías abrir.

En Bcombinator queremos ser esa primera llamada cuando surge una duda clave: decisiones de contratación, reestructuración del equipo, búsqueda de financiación no dilutiva, dudas estratégicas o momentos en los que no está claro si hay que iterar o pivotar. Acompañamos de manera cercana y personalizada, porque en etapas tempranas el apoyo directo marca la diferencia.

Y, además del acompañamiento, está la conexión con mercado. Una de las iniciativas que más valor generan es el BCorporate Day, un evento que organizamos periódicamente en el que reunimos a nuestras startups con grandes corporaciones —incluyendo compañías del IBEX 35— para que presenten sus soluciones directamente a potenciales clientes. Este tipo de espacios permite tener en unas horas conversaciones que normalmente tardarían meses en conseguir una simple reunión. Para muchas startups, esos encuentros se convierten en primeras ventas, pilotos o partnerships estratégicos que aceleran su crecimiento.

Por eso siempre insisto en que un fondo no debe ser solo un actor financiero, sino un socio estratégico que aporte red, criterio, acompañamiento y acceso real a negocio. Eso es lo que marca la diferencia en los primeros pasos del proyecto.

Desde tu experiencia, ¿cuál es el mayor error que cometen las startups cuando empiezan a buscar financiación?

El error más habitual es buscar financiación antes de tiempo. Muchas startups intentan levantar capital sin haber validado suficientemente su producto, su propuesta o su mercado, y eso complica todo el proceso. También es frecuente pedir cantidades excesivas en pre seed, lo que suele venir acompañado de valoraciones irreales y expectativas difíciles de cumplir. En muchas ocasiones trabajamos con los equipos para ayudarles a ajustar esa visión y entender que empezar con rondas más pequeñas es más sano y estratégico.

Existe además un desconocimiento importante sobre la parte financiera. Muchas personas emprendedoras no son del todo conscientes de lo caro que es levantar dinero, del tiempo que consume y de la responsabilidad que implica gastarlo bien. Y ocurre algo clave: cuando levantas demasiado, tiendes a gastar demasiado. Con menos capital, se afina más, se innova más y se toman decisiones más eficientes.

Por eso siempre insisto en que hay que tener claridad financiera, prudencia estratégica y disciplina en el gasto, especialmente en los primeros pasos.

A menudo se habla de financiación como sinónimo de éxito. ¿Cuándo levantar inversión puede convertirse en una mala decisión?

Existe una tendencia a celebrar rondas de inversión como hitos de éxito, pero rara vez se habla del negocio generado, la evolución tecnológica o el crecimiento real en clientes. Levantar capital no es el objetivo: solo es una herramienta para acelerar algo que ya funciona.

Cuando la búsqueda de inversión se convierte en el foco principal, se pierde tiempo y energía que deberían dedicarse al producto, al mercado y a las ventas. Cada ronda abre debates internos, consume recursos y desplaza la atención de lo esencial. Por eso, si un proyecto tiene margen para generar ingresos a través de clientes, esa vía suele ser más saludable y eficiente. Y si se debe levantar capital, mejor hacerlo en rondas más pequeñas y en los momentos adecuados.

¿Qué tendencias o sectores están despertando mayor interés inversor y por qué? ¿Hay alguna oportunidad todavía infravalorada?

En nuestro caso estamos completamente centrados en la inteligencia artificial aplicada al entorno B2B, un ámbito que evoluciona a una velocidad tan alta que es difícil prever hacia dónde irá en los próximos meses. La tecnología avanza de forma hiperacelerada y vemos desde herramientas muy orientadas a productividad hasta desarrollos más profundos relacionados con modelos e infraestructuras. 

Sin embargo, esta misma evolución genera un fenómeno curioso: perfiles muy técnicos pueden construir modelos propios casi para consumo personal, pero eso no significa que exista automáticamente una startup detrás. Entre hacer algo para uno mismo y convertirlo en un producto real hay una diferencia enorme, porque requiere estrategia, ventas, producción, marketing y una propuesta de valor que pueda escalar.

Por eso, más allá de la tecnología, ponemos toda nuestra atención en el equipo. En este momento buscamos tres cosas muy concretas: primero, que el equipo domine muchísimo la tecnología, que entienda cómo funciona y cómo evoluciona; segundo, que tenga un caso de uso muy concreto y experimentado, algo que responda a una necesidad real y que ya haya sido validado de alguna manera; y tercero, que sea capaz de factorizarlo y llevarlo al mercado, porque esa transición del laboratorio al cliente es lo que define si un proyecto tiene recorrido. Cuando estas tres condiciones se dan a la vez —dominio técnico, caso de uso claro y capacidad de mercado— es cuando realmente vemos una oportunidad sólida para invertir.

Si tuvieras que dar tres recomendaciones a una persona emprendedora que va a enfrentarse a su primera ronda de financiación, ¿cuáles serían? ¿Y cómo crees que la Plataforma ONE puede ayudar en ese proceso?

Mi primera recomendación es estudiar profundamente el sector al que te diriges. No basta con conocerlo: hay que entenderlo, mapear sus dinámicas, anticipar posibles escenarios y tener claridad sobre cómo puede evolucionar. Esa preparación te permite hablar con agentes inversores desde un lugar de solidez.

La segunda es ser extremadamente responsable con las finanzas. Hay que saber en qué se va a invertir cada euro, cómo se estructura el gasto y qué horizonte de tiempo se necesita. La disciplina financiera en fases iniciales determina en gran parte la supervivencia y el crecimiento del proyecto.

La tercera es rodearte de los ecosistemas adecuados. Plataformas públicas como la Plataforma ONE pueden ofrecer recursos, conocimiento y conexiones muy útiles, y actores privados como Bcombinator pueden complementar ese apoyo con acompañamiento cercano y conexión con clientes. Explorar todas las opciones permite encontrar el encaje perfecto en cada etapa.

Al final, los resultados de una startup dependen en gran medida de su capacidad para rodearse de las personas y los entornos que pueden acelerar su camino.

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