Hablamos con
Persona interesada en emprendimiento innovador
01 abr 2026
15 minutos
Autor:
Julio Alonso, médico especialista en Medicina Intensiva y fundador de Airway Shield.
Tema

Julio Alonso, médico especialista en Medicina Intensiva y fundador de Airway Shield.

Hablamos con Julio Alonso, médico especialista en Medicina Intensiva y fundador de Airway Shield, para conocer cómo un procedimiento clínico tan común —la intubación endotraqueal— puede transformarse mediante innovación aplicada, validación rigurosa y una visión que combina experiencia médica con espíritu emprendedor.

Desde su trayectoria en urgencias, cuidados intensivos y entornos prehospitalarios, Julio ha vivido de primera mano los retos de un procedimiento crítico, técnico y altamente sensible, lo que le llevó a identificar oportunidades reales de mejora con impacto potencial a escala global.

Julio Alonso Airway Shield

En esta conversación exploramos el origen de Airway Shield, un dispositivo médico diseñado para facilitar la intubación, reducir complicaciones y mejorar la seguridad tanto del personal sanitario como de las personas pacientes. Julio comparte el camino —largo, complejo y exigente— que implica llevar un dispositivo médico desde la idea inicial hasta el mercado: desde la validación clínica y la regulación, hasta el desarrollo tecnológico, la protección de la propiedad intelectual y la búsqueda de financiación.

Además, reflexiona sobre la importancia del ecosistema emprendedor, la resiliencia necesaria para emprender en healthtech y el papel que iniciativas como la Plataforma ONE pueden desempeñar a la hora de acelerar la creación u escalado de soluciones innovadoras en salud.

Sigue leyendo y visualiza el vídeo al final de la página para conocer en detalle la experiencia y el enfoque de Julio Alonso, médico especialista en Medicina Intensiva y fundador de Airway Shield.

Airway Shield surge para mejorar un procedimiento médico tan habitual como la intubación. ¿En qué momento identificasteis que existía un problema real en este proceso y que podía convertirse en una solución innovadora?

La idea nace de mi experiencia directa trabajando en entornos donde la intubación es una maniobra crítica y, al mismo tiempo, extremadamente difícil. En emergencias extrahospitalarias —helicópteros, aviones o unidades móviles— cuentas con recursos muy limitados y, aun así, debes actuar rápido y con precisión. Ahí te das cuenta de que, aunque el procedimiento de intubación es uno de los más frecuentes en medicina, la forma en la que se realiza podría mejorarse muchísimo.

Observé que utilizábamos herramientas que no ofrecían una guía adecuada para dirigir el tubo hacia las cuerdas vocales y que tampoco protegían los dientes ni la mucosa del paciente. Además, el personal sanitario quedaba expuesto a aerosoles, algo que siempre ha sido relevante, pero que con la llegada de la pandemia se volvió totalmente prioritario. Esa combinación de factores me hizo pensar que debía existir una forma más segura y eficiente de hacerlo.

Con esa motivación empecé a conceptualizar un dispositivo que facilitara la maniobra y aportara protección adicional. Después de meses de trabajo y prototipos, la idea tomó forma y hoy se ha convertido en un producto real, con resultados tangibles y potencial para transformar el procedimiento en múltiples entornos.

Llevar una idea al ámbito de los dispositivos médicos implica validación clínica, regulación y desarrollo tecnológico. ¿Cómo ha sido el camino desde el concepto inicial hasta el dispositivo que estáis desarrollando hoy?

El camino ha sido mucho más largo y complejo de lo que imaginaba al principio. Cuando empecé en 2020 pensaba que en uno o dos años podríamos tener el dispositivo en el mercado, pero los dispositivos médicos requieren mucha más madurez, evidencia y revisión. Han sido casi seis años de diseño, prototipos, pruebas preclínicas, estudios clínicos, fabricación, certificación y regulación en diferentes territorios.

En los primeros momentos financié todo con recursos propios, lo que fue un reto en sí mismo. Más adelante conseguimos combinar financiación pública y privada, cada una con sus exigencias y procesos. El esfuerzo ha sido enorme, tanto a nivel técnico como económico, pero también tremendamente enriquecedor. Cada fase nos ha obligado a mejorar el producto, a tomar decisiones estratégicas y a construir algo realmente sólido.

A pesar de la dificultad, ha sido un recorrido muy valioso, lleno de aprendizaje. La clave ha sido creer en el proyecto incluso cuando los tiempos y los recursos jugaban en contra. Esa convicción ha sido lo que nos ha permitido avanzar hasta llegar al punto en el que estamos ahora.

En el ámbito sanitario, generar confianza es fundamental para atraer inversión y establecer alianzas. ¿Qué pasos habéis dado para construir esa credibilidad en torno a Airway Shield, desde la validación clínica hasta la protección de la propiedad intelectual?

Lo primero fue construir un equipo capaz de abordar un proyecto tan exigente. Sin un equipo con talento y criterio, es imposible avanzar. A partir de ahí, nos apoyamos en partners estratégicos que aportan prestigio y garantías: hospitales que colaboran en las validaciones, agencias regulatorias especializadas y entidades que gestionan nuestra patente y sus extensiones internacionales.

Siempre hemos querido hacer las cosas bien, paso a paso. Realizamos estudios preclínicos en entornos controlados, después estudios clínicos en hospitales de referencia, y avanzamos en paralelo en todos los requisitos regulatorios, tanto para el marcado CE en Europa como para la FDA en Estados Unidos. Además, desarrollamos una patente sólida, que protege una solución inédita hasta el momento.

En cada ronda de financiación hemos demostrado progreso real: ampliaciones de patente, hitos clínicos, validaciones, mejoras técnicas, ampliación del equipo. … Creo que esa transparencia y esa constancia han sido fundamentales para generar confianza y atraer a los partners adecuados.

Emprender en el sector sanitario suele implicar ciclos de desarrollo más largos que en otros ámbitos tecnológicos. ¿Cuáles han sido los principales retos que habéis tenido que superar hasta ahora?

El mayor reto ha sido mantenernos vivos durante un proceso extremadamente largo. Un dispositivo médico tarda, por término medio, siete años en llegar al mercado, y muchos más en lograr adopción real. Eso implica una inversión enorme en tiempo, energía y recursos económicos.

Para sostener ese recorrido necesitamos financiación continua, decisiones muy cuidadas y una planificación precisa. Debes priorizar, minimizar errores y estar dispuesto a corregir el rumbo si es necesario. A la vez, tienes que demostrar avances constantes a tus agentes inversores, partners y entidades regulatorias.

Otro reto importante es la implantación. No basta con llegar al mercado: hay que demostrar que el dispositivo funciona, que aporta valor, que mejora resultados y que merece la confianza de quienes van a usarlo. Convencer a profesionales con años de experiencia no es fácil, pero cuando ven el impacto real, el avance es enorme.

Actualmente estáis impulsando una ronda de financiación a través de crowdfunding. ¿Por qué habéis decidido apostar por este modelo para impulsar el crecimiento del proyecto?

Elegimos el crowdfunding a través de Capital Cell porque combina dos elementos clave: rigor y democratización. Capital Cell es una plataforma muy especializada en salud, con procesos de evaluación exigentes que aportan mucha credibilidad. Y, al mismo tiempo, permite que cualquier persona pueda participar en el proyecto, aunque no sea un inversor institucional.

Para nosotros tiene mucho sentido mezclar este enfoque con la participación de lead investors, que aportan seguridad adicional y validación temprana. Es un modelo que ha demostrado funcionar muy bien: en 2021 completamos la ronda en 24 horas, y la siguiente en 2023 se cerró en solo diez días. Eso nos confirmó que había interés, confianza y una comprensión clara del valor del proyecto.

Además, creo que es bonito que la comunidad pueda formar parte de algo que tiene potencial para salvar vidas. Sentimos que esta combinación de agentes inversores profesionales y personas individuales crea una red sólida alrededor del proyecto.

La innovación en salud tiene un potencial impacto global. ¿Cómo planteáis la expansión internacional de Airway Shield y en qué mercados veis más oportunidades?

Nuestro objetivo es llegar a todo el mundo, y para lograrlo hemos diseñado un modelo centrado en lo que mejor sabemos hacer: investigación, desarrollo y gestión de patentes. Externalizamos la fabricación y la distribución mediante socios regionales, lo que nos permite escalar rápido sin perder calidad.

Ya tenemos producción en Australia y Taiwán y buscamos incorporar centros en Europa y América. Aunque queremos un alcance global, el mercado norteamericano es prioritario por su tamaño y por su enfoque en seguridad. Por ejemplo, la rotura de dientes durante la intubación representa el 30% de las reclamaciones en anestesia allí, y hemos demostrado que nuestro dispositivo reduce drásticamente la presión sobre los incisivos. En cuanto validemos estos resultados en pacientes en EE. UU., creemos que la adopción será muy rápida.

Después seguiremos expandiéndonos por Europa y otros mercados donde la seguridad en la intubación es una prioridad. Nuestro objetivo es que el dispositivo esté disponible incluso en lugares remotos o con menos recursos, porque puede marcar una gran diferencia.

Emprender en healthtech implica equilibrar conocimiento científico, visión empresarial y mucha resiliencia. A nivel personal, ¿qué aprendizajes clave te ha dejado este proceso como fundador y qué consejo darías a quienes están iniciando un proyecto en el ámbito sanitario?

A lo largo de estos años he aprendido que emprender en salud es una combinación constante de ciencia, estrategia, paciencia y capacidad emocional.

Lo primero que aprendí fue a trabajar en equipo: a buscar personas que complementaran mis capacidades, que aportaran visión técnica, regulatoria, empresarial y clínica. Un proyecto así no lo puede sacar adelante una sola persona, por mucho conocimiento que tenga en su área.

También he aprendido a convivir con la incertidumbre. En healthtech los ciclos son muy largos: puedes pasar años desarrollando, validando y regulando un dispositivo antes de tener la oportunidad de ver resultados reales. Eso exige mucha resiliencia y, sobre todo, claridad de propósito. Para mí, recordar cada día por qué hago esto —porque creo que mejorar la intubación endotraqueal puede salvar miles de vidas— ha sido esencial para seguir adelante incluso en los momentos más difíciles.

Si tuviera que dar un consejo, diría dos cosas. La primera: enamórate del problema, no de la solución. Las soluciones evolucionan, se ajustan, cambian; pero si estás enamorado del problema —en mi caso, hacer más seguro y efectivo un procedimiento crítico— siempre encontrarás la motivación para mejorar. La segunda: rodéate de buena gente y busca un ecosistema que te apoye. En salud no basta con tener una idea brillante: necesitas validación clínica, regulación, financiación, acompañamiento y resiliencia para el largo recorrido. Si aceptas que es un maratón y no un sprint, y si disfrutas del aprendizaje, el camino merece la pena.

Iniciativas como la Plataforma ONE buscan conectar a personas emprendedoras, innovación y oportunidades dentro del ecosistema. Desde vuestra experiencia, ¿qué valor pueden aportar este tipo de espacios a startups como Airway Shield?

Creo firmemente que el ecosistema es uno de los elementos más determinantes para que una startup sobreviva. Puedes tener una idea potente y un equipo sólido, pero si estás aislado y sin conexiones, el camino se vuelve muchísimo más difícil. Las startups mueren muchas veces no porque no tengan una solución válida, sino porque no encuentran los apoyos, los partners o los recursos necesarios para avanzar a tiempo.

Iniciativas como la Plataforma ONE ayudan a romper ese aislamiento. Generan espacios donde es posible conectar con agentes inversores, instituciones públicas, posibles socios tecnológicos, personas expertas en regulación y otras startups que están pasando por retos similares. Estas conexiones acortan tiempos, abren puertas y permiten tener conversaciones que, de otra forma, podrían tardar meses o no llegar nunca.

En nuestro caso, la participación en eventos y plataformas como ONE ha sido muy valiosa. Recientemente, en encuentros como Web Summit, conocimos a personas clave del ecosistema que nos han aportado perspectiva, contactos y apoyo real. Este tipo de espacios fortalecen el tejido innovador, favorecen la supervivencia de startups en un sector tan exigente como el sanitario y, en última instancia, contribuyen a una sociedad más innovadora y con mejores soluciones para las personas.

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